Imperio chino (parte 5): la nueva ruta de la seda

China es un país que, como hemos estado viendo, está llevando a cabo una obra de ingeniería geopolítica mundial que está afectando al equilibrio de poder internacional, copando mercados, ofreciendo ingentes cantidades de dinero en materia comercial, relaciones estables y la consecución de una serie de objetivos que redundan en el equilibrio de sus intereses comerciales que llegan a lugares tan lejanos como el África negra o las costas occidentales de Europa.

En este caso, por ejemplo, la ruta de la seda es el elemento básico para poder establecer contacto y potenciar su poderío económico exportando sus productos de consumo. Como vimos en el anterior artículo sobre China, la ruta de la seda tiene dos grandes vías, la marítima (ya analizada ahí) con dos grandes rutas de conexión con su frontera a través de Myanmar y Pakistán.

Sin embargo a nivel terrestre Pekín tiene una particularidad que Estados Unidos no posee…y es que China tiene continuidad territorial con sus intereses en Europa y Oriente Medio, manera por la cual explota en su nueva versión la ruta de la seda.

Esta ruta es una de las rutas comerciales más antiguas de la humanidad y, curiosamente, para su correcto funcionamiento ha necesitado siempre la confluencia de, por lo menos, tres grandes ejes imperiales: el chino, el persa o el árabe como estabilizador de la ruta centroasiática de comercio y el imperio occidental, véase Imperio Romano o Imperio Bizantino. Curiosamente, la importancia geopolítica de esta ruta es la impulsora de todos esos excéntricos imperios de las estepas y la aparición de sujetos como Genghis Khan o Tamerlán, poder que va desapareciendo cuando China se repliega sobre sí misma en la era Ming y, al mismo tiempo, se descubre la ruta de comercio africana por portugueses y las américas con España.

Lo más llamativo de todo esto es que China, ya a finales de los noventa, necesita que el Centro de Asia se estabilice: hablamos de regiones inestables e inmensas sumidas en crisis postsoviéticas: Afganistán pero también Tayikistán, el Movimiento Islámico en Uzbekistán o las dictaduras de Kirguistán (caída en 2010) o la de Turkmenistán.

Esta zona, vista como espacio vital por Turquía ya en tiempos de Ataturk y por Evren en los ochenta, tendrá su momento ahora con Erdogan en sus intentos de captar el poder estratégico de esta región con el TÜRKSOY y la Turk Kenesi, regiones en contacto con Turquía tras la victoria azerí en Nagorno Karabaj, entendiendo a Azerbaiyán como obligatorio puente de unión entre Anatolia y Asia Central.

China, en el año dos mil, tras el 11S encuentra su gran oportunidad: Tíbet está atada y no puede moverse y los musulmanes uigures representan un problema interno en la “conquista del oeste” China, de ahí que la aparición de elementos de Al Qaeda e islamistas en Xinjiang diera a Pekín la oportunidad de establecer tratados de seguridad firmados por Pekín con todos los países del Asia Central, el objetivo es anular cualquier tentación de asistencia de estos países a sus hermanos túrquicos musulmanes al vincular a las asociaciones disidentes con el islamismo y obligar a estos países a desmantelar y extraditar a los uigures chinos refugiados y activistas.

Esto permite a Pekín estrechar lazos y potenciar una relación que se traduce en la estabilidad para los planes de China que confluyen, en esta etapa con Irán. Pekín considera que Irán es su gran acicate: Rusia es un aliado estable pero competidor con influencia postsoviética en ciertos sectores de la región y Turquía, que es además miembro de la OTAN, es un enemigo, sin contar con la presencia de Estados Unidos en Afganistán. Irán es la mejor opción de China por su necesidad mutua: China da cobertura a Irán en la ONU, compra e invierte en el país e Irán queda incorporada como estación en la ruta.

Los iraníes obtienen seguridad en su frontera norte al caer en la esfera de influencia de China, su aliado, y se pueden centrar en sus enemigos del oeste: Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos e Israel. China, al mismo tiempo ve en Irán un intermediario regional que es musulmán y tiene un gran ascendente cultural con estos países en casos de crisis o malentendidos siendo, también, una gran ayuda China e Irán la explotación del puerto iraní de Chabahar para dar salida a los productos de Asia Central.

Estas relaciones de interdependencia de entre esos países e Irán refuerzan también el poder chino. Al mismo tiempo la ruta en el centro de Asia se bifurca en dos grandes ramas.

Irán-Turquía: en esta ruta, que no es algo abstracto: existe una línea ferroviaria que conecta Pekín con Teherán. Estas líneas ferroviarias vienen apuntaladas por rutas de carretera a modo de nuevas caravanas que pasa por zonas seguras en ambos países el objetivo es usar tanto a Irán como a Turquía como eje comercial a la hora de comercial con el grueso del Oriente Medio y, por inercia comercial, con el Magreb. Sin embargo el intercambio que se da en esta región no se agota ya que desde Turquía una gran cantidad de mercancía se mueve por los Balcanes.

El siguiente eje de esta ruta pasa de Estambul puede conectar con mercancías desembarcadas en El Pireo de Atenas (bajo control de China) que llegan hasta Belgrado y de ahí a Budapest, China pagó la carretera que une la capital de Serbia con la de Hungría. Desde ahí las rutas van hasta Berlín y se mueven hasta París o Varsovia.

Ruta Pekín-Madrid: en 2014 se inauguró la ruta ferroviaria más larga del mundo, la que uniría la capital de China con la de España a través de la otra ruta de la seda, es la que en el Centro de Asia se bifurca hacia el norte y se une al corredor de Siberia cuyo objetivo es moverse por importantes ciudades rusas de estas regiones como Perm, Tomsk u Omsk.

Desde esta zona se mueven por Rusia, especialmente enlazando con Moscú y llegan a las regiones eslavas de Ucrania y Bielorrusia, esta es la zona que más fácilmente suministra a los países nórdicos. Desde ahí cruza Europa central: Polonia, Eslovaquia, República Checa, Austria, Suiza y se divide hacia Italia y Francia (desde donde va a Reino Unido también) y de ahí a España y Portugal, desde donde dinamiza una gran cantidad de material y vuelve a China.

Todo una trabajo de infraestructura que deja muy lejos a Estados Unidos y que suministra a toda una serie de países uniéndolos en la actividad comercial en un gran supercontinente: Eurasia, bajo control comercial y geopolítico de China, que ejerce su influencia a nivel comercial con el sostenimiento de estas rutas y sus puertos, infraestructuras que forman un todo y que mueve miles y miles de millones de euros y permite a China posicionar sus productos de forma contundente en cualquier mercado aprovechando la continuidad territorial.

Toda una obra que está dejando atrás a unos Estados Unidos cada vez más necesitado de enemigos reales y batallas que justifique su presencia en estas zonas, sin embargo el auge de China, su posición en el Consejo de Seguridad de la ONU y su contundencia a la hora de defender sus intereses va a ir dejando a Estados Unidos relegados a un segundo plano mientras el omnímodo poder de Pekín ha logrado dinamizar toda una infraestructura de comercio mundial como no se ha visto nunca antes. (Foto: Wikipedia)

Para saber más

Imperio chino (parte 1): tecnología e internet

Imperio chino (parte 2): tensiones internas

Imperio chino (parte 3): el asalto a África

Imperio chino (parte 4): el collar de perlas y el dominio del mar

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